I Insurreccional Dominique Alexia
Industria · 6 min con video

· Sobre por qué la competencia honesta no es el verdadero problema del rubro.

El problema del marketing digital no es la competencia. Es la incompetencia con discurso

Hay un mercado entero de gente vendiendo servicios que no entiende, prometiendo resultados que no sabe conseguir. Y al final no lo paga el que vende humo. Lo paga el cliente y el equipo que se quema.

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Hay una conversación que tengo seguido con freelancers, agencias y profesionales del rubro digital. Cada uno con su versión, todos con la misma frustración de fondo.

“Hay mucha gente vendiendo cosas que no sabe hacer.”

La frase, dicha así, suena a queja. No lo es. Es un diagnóstico de un problema estructural que el rubro no quiere mirar de frente, porque mirarlo implica reconocer que parte del ruido viene de adentro.

La competencia no es el problema

Cuando alguien que recién empieza pregunta cómo competir contra agencias más grandes, o contra freelancers con más experiencia, casi siempre la pregunta está mal planteada. La competencia profesional honesta no te hace mal. Te eleva. Te obliga a estudiar más, a especializarte mejor, a cobrar lo que corresponde. Es la misma dinámica que pasa en cualquier rubro maduro.

Lo que sí hace daño es otra cosa. Es la cantidad de gente vendiendo servicios que no entiende. Prometiendo resultados que no sabe cómo conseguir. Armando agencias sin criterio, compuestas por personas que dicen saber algo y no lo saben. Estrategias copiadas de carruseles de Instagram. Pitch de venta robados de cursos baratos. Discurso afilado y formación cero.

Eso no es competencia. Eso es ruido. Y el ruido no compite con vos, te ensucia el rubro entero.

Quién paga el costo de la incompetencia con discurso

Esta es la parte que duele. Porque mucha gente piensa que el que vende humo se hace daño solo. Que el mercado lo expulsa. Que se queda sin clientes y se va.

No siempre pasa así. A veces sí, a veces no. Lo que sí pasa siempre es que el costo cae en otra parte.

Cae en el cliente. Que invirtió un presupuesto que no le sobraba en una promesa que no se cumple. Que después de seis meses se da cuenta de que le vendieron cualquier cosa. Que cierra esa experiencia con la idea de que “el marketing digital no funciona” o “los freelancers son todos iguales”, y la próxima vez busca con más desconfianza, paga menos, exige más.

Cae en el equipo que viene atrás a limpiar. El profesional honesto que se sienta con el cliente quemado, escucha la historia anterior, y arranca desde tres metros bajo cero. Tiene que reconstruir la confianza que destruyó otro. Tiene que cobrar contra un benchmark inflado por un servicio que nunca existió. Tiene que sostener un trabajo más grande con menos margen.

El que vende humo se va, pero el humo no. Lo respira el siguiente cliente, y el profesional siguiente, durante años.

Por qué pasó esto en este rubro y no tanto en otros

Hay una explicación honesta que cuesta poco reconocer. La barrera de entrada al marketing digital es bajísima. Un celular, una conexión, un par de cursos en YouTube y ya podés decir que “sos consultor”. No hay matrícula. No hay colegiatura. No hay validación gremial. No hay pruebas de competencia obligatorias.

Eso tiene un lado bueno. Hizo accesible una profesión que antes estaba cerrada a presupuestos de agencia grande. Permitió que millones de personas se formaran, abrieran sus propios proyectos, salieran adelante. Eso fue real y fue importante.

El lado malo es que esa misma apertura permitió que gente sin formación armara servicios y los vendiera con la misma seguridad que el que estudió cinco años. Y que el cliente promedio, sin herramientas para distinguir, los consumiera como si fueran lo mismo.

El problema real es de responsabilidad profesional

Acá está la parte que más incomoda decir y que casi nadie dice.

El problema de la incompetencia con discurso no se resuelve solo desde afuera, regulando o filtrando. Se resuelve, sobre todo, desde adentro del rubro. Desde la responsabilidad de cada quien que se sube a vender un servicio.

Si te querés dedicar al marketing digital, estudiá. Si te querés montar una agencia, estudiá más. Si no te alcanza para un máster, hay un montón de herramientas gratuitas. Cursos abiertos. Masterclasses sin costo. Profesionales generosos compartiendo lo que saben todos los días en redes. La barrera no es económica. Es de actitud.

Lo que no tiene defensa es subirte a vender un servicio sin entenderlo. Y peor todavía, opinar sobre el trabajo de otros sin haber estudiado el tuyo.

  1. No prometas resultados que no sabés cómo se construyen. El cliente no compra un resultado, compra un proceso. Si no podés explicar el proceso, lo que estás vendiendo es humo, aunque tengas buen feed.
  2. No copies estrategias sin entender el contexto. Lo que funcionó en una marca no funciona automáticamente en otra. Si no entendés por qué funcionó allá, no podés saber si va a funcionar acá.
  3. No opines sobre el trabajo de otros profesionales sin haber estudiado el tuyo. Si no podés sostener una conversación técnica de tu propio campo, esa boca no estaba lista para criticar el campo de otro.
  4. Si te equivocás, asumilo. El error está bien. Forma parte. La diferencia entre el profesional honesto y el vende humo no es que uno se equivoca y otro no. Es que uno reconoce el error y aprende, el otro lo esconde y sigue facturando.

La diferencia entre profesional y vende humo no es el conocimiento. Es la honestidad sobre lo que se sabe y lo que no.

Lo que el rubro necesita y nadie quiere pedir

Para cerrar, una observación que va a molestar a algunos. El rubro digital necesita exigirse internamente más de lo que necesita pedir que lo regulen desde afuera.

Necesita decir en voz alta que vender un servicio sin entenderlo es un problema ético, no solo comercial. Necesita normalizar que los profesionales honestos digan no a las prácticas que se acostumbran. Necesita que cada quien revise su propio nivel antes de salir a opinar sobre el de otros.

Eso no se hace con leyes ni con colegiaturas. Se hace con una decisión chica y diaria. La de no contribuir al ruido. La de no vender lo que no se sabe. La de no opinar de lo que no se estudió. La de cobrar por lo que se hace, no por la fantasía de lo que se promete.

El día que la mayoría del rubro lo asuma, el problema deja de existir. Antes de eso, va a seguir siendo lo que es. Una industria con potencial enorme arrastrada por la franja que cobra antes de saber.

Versión corta del ensayo ver en YouTube ↗
Dominique Alexia

Sobre quien escribe

Dominique Alexia

Once años construyendo criterio de marca desde adentro de la industria. Consultora, escritora editorial. Nunca vendió un curso, nunca va a vender uno.

Fin del texto

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Insurreccional · 27 de abril de 2026
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