I Insurreccional Dominique Alexia
Criterio · 7 min con video

· La diferencia entre tener una opinión y tener criterio para sostenerla.

La gente opina con autoridad de cosas que nunca hicieron. Y a eso le seguimos llamando criterio.

Vivimos rodeados de opiniones sin estudio, sin experiencia, sin contexto. La pieza que falta del lado de quien escucha es saber separar criterio de ruido.

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/ Criterio
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Hay un patrón que reconocés enseguida cuando llevás unos años trabajando en lo tuyo. Aparece alguien que nunca hizo lo que vos hacés y empieza a opinar con una seguridad que asusta. Te dice cómo deberías comunicar tu marca, qué precio deberías cobrar, qué decisión estratégica está mal. Vos lo escuchás un rato. Y después te quedás pensando lo mismo de siempre.

“¿De pedo sabe mi nombre y ya sabe cómo tengo que trabajar?”

Eso no es un episodio aislado. Es la temperatura de la época.

Vivimos opinando de todo sin haber hecho nada

Opinan de economía sin entender de economía. Opinan de relaciones sin haber sostenido una sola sana en toda su vida. Opinan de negocios sin haberse animado a abrir uno. Y opinan de tu trabajo sin haber estado nunca del lado del que ejecuta.

Hablar es gratis. Eso lo sabemos todos. Lo que el discurso público olvidó es que las consecuencias de hablar sin criterio no son gratis. Las paga quien escucha cuando ajusta una decisión por la opinión equivocada. Las paga quien habla cuando, dentro de unos años, queda registrado opinando de algo que nunca entendió. Y las pagamos todos cuando el aire público se llena de afirmaciones que se discuten como si fueran datos.

En digital esto se ve más rápido. Personas que nunca gestionaron una campaña publicitaria, que nunca armaron una estrategia entera, que nunca consiguieron resultados medibles para una sola marca, opinan sobre decisiones profesionales con la voz firme. Cuestionan creativos, cuestionan precios, cuestionan procesos. Lo hacen con una seguridad que sería admirable si tuviera detrás algo parecido a la experiencia.

Es como entrar a un quirófano y querer indicarle al cirujano dónde tiene que cortar.

La trampa de confundir seguridad con criterio

Acá está la parte que cuesta. La cultura nos enseñó a leer la seguridad como una señal de saber. Si alguien lo dice fuerte, lo dice rápido y lo dice sin titubear, suponemos que algo sabe. Y muchas veces lo único que sabe es proyectar esa seguridad.

El criterio se construye distinto. Tarda. Pasa por hacer, equivocarse, volver a hacer, ajustar. Tiene cicatrices. La opinión sin recorrido pasa por escuchar a alguien con criterio y repetirlo, o peor, por inventar una postura para parecer alguien.

La seguridad no es prueba de criterio. A veces es justo lo contrario, una forma elegante de ocultar que no hay nada atrás.

Cuando alguien con espalda real te habla, hay matices. Hay “depende”. Hay “en este caso pasó esto, en este otro pasó esto otro”. Hay conciencia de límites. La opinión sin criterio no tiene matices, tiene certezas. Se acumula sobre sí misma hasta volverse un personaje.

Cómo te llega esto en el trabajo

A vos te llega de tres lados, más o menos.

Te llega del cliente que repite lo que escuchó en un curso, en una charla TED, en una reunión con su contador. Llega vestido de “yo sé lo que mi marca necesita”. Casi nunca lo sabe. Sabe lo que querría. No es lo mismo.

Te llega del entorno. Familia, amigos, conocidos que te tiran sus tres consejos no pedidos sobre cómo conseguir más clientes, cómo cobrar, cómo organizarte. Cargan opinión, pero no responsabilidad. Si te equivocás siguiéndolos, ellos no pagan el costo.

Y te llega de las redes. Cuentas que opinan con autoridad de temas que nunca trabajaron. La métrica de una buena cuenta de redes hoy no es la calidad de la opinión, es la velocidad y el tono. Y eso premia exactamente al que opina sin criterio, porque opina más rápido.

Qué hacer con esto sin volverse paranoica

No se trata de cerrar la oreja a todo. Se trata de usar un filtro de tres preguntas antes de darle peso a una opinión sobre tu trabajo.

  1. ¿Esta persona hizo lo que está opinando? No “leyó sobre”. No “tiene amigos que”. Hizo y ejecutó. Cobró por hacerlo. Si la respuesta es no, su opinión no es criterio, es percepción de espectador. La percepción de espectador puede ser útil como dato sobre cómo te ven, pero nunca como dato sobre cómo tendrías que trabajar.
  2. ¿Qué se juega esta persona si te equivocás siguiendo su consejo? Si la respuesta es nada, su opinión vale menos. Quien tiene piel en el juego ajusta lo que dice porque sabe que el costo de equivocarse vuelve. Quien no tiene piel, opina libre.
  3. ¿La opinión tiene matices o son certezas? Las certezas absolutas casi siempre vienen de quien no lo hizo nunca. El que lo hizo sabe que casi todo depende del contexto, de la marca, del momento, de la audiencia. Si te dicen “esto es así, punto”, desconfiá del punto.

Tres preguntas y se te ordena el ruido.

Y si quien opina sin criterio sos vos

Esto vale en los dos sentidos. Si vos vas a soltar una opinión sobre el trabajo de otro, pensá antes. La autoridad de tu opinión no la da tu seguridad al decirla. La da el recorrido que tenés con eso. Si no tenés recorrido, podés tener intuición, podés tener una pregunta interesante, podés tener una observación útil. No tenés un veredicto.

Y si lo que vas a decir lo decís sin haberlo hecho, decilo como observación, no como sentencia. La diferencia entre “me llamó la atención esto” y “esto está mal” no es estilística. Es ética.

El que opina sin criterio puede ser ruido en la conversación pública. Pero quien le da peso a ese ruido también es responsable de lo que pasa después.

La conversación pública mejora cuando dos cosas pasan al mismo tiempo. Quien tiene criterio se anima a hablar, sabiendo que el ruido va a estar ahí. Y quien escucha aprende a separar criterio de volumen, sin pedirle al volumen que se apague.

Empezá por vos. Hacete cargo del filtro, en lo que escuchás y en lo que decís. Cuando alguien te suelte una opinión vestida de certeza sobre algo que vos hacés todos los días, acordate de las tres preguntas. La mayoría de las veces el filtro va a apagar la voz antes de que te haga dudar.

Versión corta del ensayo ver en YouTube ↗
Dominique Alexia

Sobre quien escribe

Dominique Alexia

Once años construyendo criterio de marca desde adentro de la industria. Consultora, escritora editorial. Nunca vendió un curso, nunca va a vender uno.

Fin del texto

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Insurreccional · 27 de abril de 2026
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