I Insurreccional Dominique Alexia
Mentalidad · 6 min con video

· Sobre el peso real de lo que crees que los otros piensan.

Si esperás a no tener vergüenza para empezar, no vas a empezar nunca

Lo que llamás vergüenza no es miedo al fracaso. Es miedo a la mirada ajena. Y la mirada ajena, cuando la mirás de cerca, no es lo que pensás.

Compartir
/ Mentalidad
6'
· · ·

Hay una conversación que tengo seguido con personas que quieren empezar algo y no empiezan. Un proyecto, un negocio, una marca personal, una cuenta donde mostrar lo que hacen. Llevan meses dándole vueltas. A veces años. Cuando les pregunto qué les frena, la respuesta llega con distintos disfraces, pero abajo es siempre la misma.

“Me da vergüenza que me vean.”

Y ahí está la trampa. Porque esa frase dice una cosa, pero significa otra.

Lo que vos llamás vergüenza no es lo que crees

Pensás que tu vergüenza es miedo al fracaso. Es lo que se dice. Lo que está bien dicho. Lo que el discurso motivacional te enseñó a etiquetar. “Tengo miedo de fallar.”

No es eso. Si fuera miedo al fracaso, te frenaría tomar decisiones grandes que afectan tu vida. Te frenaría firmar un contrato, mudarte, tener hijos, dejar un trabajo. Y muchas de esas cosas las tomás. Más o menos, con más o menos miedo, pero las tomás.

Lo que te frena cuando se trata de empezar algo público no es la posibilidad de que salga mal. Es la posibilidad de que alguien te vea intentándolo. Y que esa persona piense, o diga en voz alta, “¿Y esta, qué hace ahora?”.

El miedo no es al fracaso. El miedo es a la mirada del otro mientras fallás. O peor, a la mirada del otro mientras intentás algo que todavía no salió bien.

Una pregunta incómoda

Si vamos a desmontar este miedo, hay que mirarlo con honestidad. La pregunta es concreta. ¿Quiénes son exactamente esos otros cuya mirada te frena?

Hacé el ejercicio de listarlos. Con nombres. No “la gente”. No “todo el mundo”. Nombres.

La lista, casi siempre, es corta. Tres, cuatro personas. A veces una sola. Una ex pareja con la que querés probar que estás bien. Un grupo de amigas con las que competiste sin decirlo. Un familiar que te dijo alguna vez que no servías para esto. Una compañera de la facultad que tiene un proyecto andando.

Esa es tu audiencia secreta. No “el mundo entero”. Tres personas reales que cargás en la cabeza cuando te imaginás postear, vender, mostrarte.

El peso de la mirada ajena casi nunca viene de “todos”. Viene de tres personas con nombre.

Cuando podés ver esto, dos cosas cambian al mismo tiempo. Primero, te das cuenta de que estás organizando tu vida alrededor de una platea muy chica. Segundo, te das cuenta de que esa platea está demasiado ocupada con su propia vida como para mirarte como vos creés.

Por qué los otros no te miran como pensás

Esta es la parte que más cuesta aceptar, porque le saca aire al drama. La mayoría de las personas que nombraste arriba están sobreviviendo a sus propias inseguridades. Tienen su propia mochila, su propio “qué pensarán de mí”, su propia parálisis.

Cuando vos pensás que están pendientes de tu próximo paso, en realidad están pensando en su próximo paso. Cuando creés que se van a reír de tu primer post, en realidad lo van a mirar tres segundos y van a seguir scrolleando porque tienen que contestar un mail que les vence mañana.

Esto no es minimizar lo que sentís. Es ponerlo en proporción. La cantidad de tiempo y energía que el otro le va a dedicar a lo que vos hacés es muchísimo menor que la que vos calculás.

Y de las pocas personas que sí miran y opinan, una parte va a opinar bien. Otras van a opinar mal. Algunas van a opinar mal y eso te va a doler. Pero todas esas opiniones juntas no te dicen nada sobre si vale la pena o no lo que estás haciendo. Te dicen, como mucho, qué tipo de relación tenés con esa persona.

Qué pasa si esperás a no tener vergüenza

Acá está el costo. Si esperás a sentirte segura para empezar, no vas a empezar.

La vergüenza no se va antes. Se va después. Se va cuando ya hiciste cinco posts, cuando ya mandaste tres propuestas, cuando ya hablaste con cuatro clientes. Cada repetición la achica un poco. Pero ninguna repetición pasa si esperás a sentirte lista.

Y mientras esperás, el costo se acumula. Pasan los meses. Te mirás y seguís en el mismo lugar. Otra persona del rubro arrancó hace seis meses y ya tiene casos. No porque sea más capaz que vos. Porque empezó. Y empezó con la misma vergüenza que vos tenés ahora, solo que decidió que la vergüenza no iba a decidir por ella.

La inacción no se siente. Por eso es tan peligrosa. No te avisa que está pasando. Te das cuenta cuando levantás la cabeza y te das cuenta de que el año pasó.

Cuatro cosas que se pueden hacer ahora

No con un curso de mindset que va a solucionar todo. Con cosas chicas y verificables.

  1. Hacé la lista de la audiencia secreta. Tres a cinco nombres. Mirá la lista una semana. Es la prueba concreta de que tu freno tiene un perímetro chico y manejable, no una dimensión cósmica.
  2. Empezá en el formato más chico que se te ocurra. Un post. Un mensaje a un cliente. Una conversación. No un lanzamiento. Un primer movimiento, donde el costo de equivocarte sea bajo y el costo de no moverte sea visible.
  3. Aceptá que vas a hacer el ridículo a veces. No como una posibilidad lejana. Como un hecho. La gente que progresa hace el ridículo más seguido que la gente que no progresa. Es parte del precio.
  4. Medí progreso por movimiento, no por resultado. Esta semana, ¿hubo movimiento? ¿Mandaste, escribiste, mostraste, hablaste? El resultado tarda más en aparecer. El movimiento es lo único que controlás.

La vergüenza no mata sueños. La inacción sí.

Y eso es todo. No hay un truco, no hay una técnica que reemplace empezar antes de sentirte lista. La sensación de estar lista es algo que aparece después, como recompensa por haber empezado, no como permiso para hacerlo.

Versión corta del ensayo ver en YouTube ↗
Dominique Alexia

Sobre quien escribe

Dominique Alexia

Once años construyendo criterio de marca desde adentro de la industria. Consultora, escritora editorial. Nunca vendió un curso, nunca va a vender uno.

Fin del texto

Si algo te resonó, compartilo con quien necesitaba leerlo.

Insurreccional · 26 de abril de 2026
[ Seguí leyendo ]